Mi afición a las motos

Terminada la hora de la comida en el colegio, dos amigos de unos 10 años se dirigen a la verja para ver los coches pasar, algo que apasionaba a estos dos pequeños críos. De vez en cuando tenían la suerte de ver algún coche deportivo, o de lujo, pero era en contadas ocasiones. Lo más normal era ver coches familiares, y mientras tanto alguna que otra moto, autobús o camión.

Pero aquel día, enfrente del semáforo de la verja donde se sentaban estos dos pequeños, algo llamó la atención de uno de ellos, algo con un sonido y unas formas que hizo olvidarse del resto de vehículos parados en el semáforo. Su amigo le dijo que se conocía como “la telefónica”. No podía parar de mirarla, y estuvo completamente ensimismado hasta que desapareció al final de la calle. Entonces, supo que algún día, él tendría una moto.

1991-Kawasaki-ZXR750
Foto de Internet.

Poco después de aquel momento, llegó su primera revista, un especial de Motociclismo, del año 96, en el cual aparecían las principales motos deportivas del mercado: Yamaha Thunderace y Thundercat, Honda CBR 600 y 900, Kawasaki ZX-6R y ZX-9R Ninja o Suzuki GSX-R 750. No se sabe las veces que se leyó esa revista (y que aún conserva en algún armario de su casa para, de vez en cuando, echar un vistazo a las viejas glorias deportivas). Pero lo que más llamó la atención de ese especial fue, la foto de la Suzuki GSX-R 750 haciendo un invertido. Desde ese momento, puso todo su empeño en conseguir una GSX-R.

Con el paso de los años, el número de revistas crecía, al igual que la necesidad de conocer todo sobre este maravilloso mundo. Poco a poco, como si de un veneno se tratase, la pasión por las dos ruedas se iba apoderando de él, enamorándole por completo cuando, a los 15 años, tuvo la oportunidad de probar su primera moto, una OSSA de 350. Entonces, empezó a sentir aquello que sólo los moteros sienten cada vez que montan en moto: libertad, felicidad, alejarse de las preocupaciones… Ya no había vuelta atrás.

Pero aunque la mayoría de sus amigos podían disfrutar de motos, sus padres eran reacios a que él tuviese una, algo que no entendía en aquel momento, pero que ahora agradece. Por lo tanto, sólo le quedaba disfrutar de las motos desde el asiento de atrás, o cuando algún amigo suyo le dejaba darse una vuelta. Pero en su cabeza seguía fija e inamovible la idea de que algún día, él tendría una moto.

Cada vez que recibía dinero, lo guardaba en su hucha para la compra de su moto, decía. Los años iban pasando, y sus amigos ya habían dejado las motos para comprarse un coche. Mientras, sus padres pensaban y deseaban que se le olvidaran las motos. Pero no fue así.

Con 23 años, y después de toda una vida ahorrando, el 8 de agosto pudo realizar su sueño. Y unos días después, salió del concesionario con una flamante Kawasaki Ninja 250R de color verde. ¡Qué nervios! Tantos años esperando ese momento y al fin había llegado.

Desde entonces, han pasado algo más de 4 años, muchos kilómetros y muchas curvas, mucha gente con la que comparte su afición y que gracias a ella, ya considera amigos y su pasión por las motos no ha disminuido, es más, ha ido aumentando y ahora puede disfrutar también de la moto de sus sueños, una Suzuki GSX-R 600.

Jorge Gixxer V’sss y gasss!!

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