¿Y qué hacemos el finde?

Justo tras la experiencia de Burgos, estuvimos de vacaciones cada uno en su sitio. La abuela de Raúl se recuperó y creo que a Santi se le quitaron las ganas de estupideces. A los de Ceni ya les conocía de cuando estaban al lado del puente de los americanos y como tuve unas diferencias irreconciliables con Santi que me mandaron 3 meses al hospital justo en septiembre… pues de septiembre a finales de noviembre devoraba las revistas que había de motos. Antes había tenido tiempo de empaparme de tooooodo lo relativo a las nuevas motos que había en el mercado, rutas, viajes, la vuelta al mundo de Emilio Scotto, pufff, 280 pts costaba la maldita Motociclismo y 250 el mensual de La moto. Por el mismo precio también tenía el Solo Moto, pero no había pasta para todas.

Salí del hospital a mediados de noviembre un viernes, y lo primero que hice fue ir a ver la moto por la tarde. No sé si conocéis la expresión “se me cayó el alma a los pies”… pues literalmente eso fue lo que pasó. Ver cómo mi compañera de la peor experiencia en moto de mi corta vida como motero, estaba medio reventada por la estupidez de uno que consideraba “amigo” me dejó chafado del todo. Tenía la horquilla delantera doblada, la llanta delantera partida, el manillar doblado, depósito, máscara del faro, faro, guardabarros delantero, etc… la moto tenía 300.000pts (unos 1800€) en arreglos… y la moto le había costado a mi padre 85.000 pts (500€) de segunda mano a su alumno Juan Rivas…

El sábado volví al taller (todomoto) y me dijeron que no tenían ni idea de cuándo iba a venir el perito, que esperaban su llamada. El lunes llamé a Mapfre y me dijeron que el perito había llamado como 15 veces al taller y que no le daban cita, que pasaban del perito… en ese mismo instante les dije que les volvía a llamar. Llamé a motos ceni y ellos mismos se encargaron de llevarse la moto a su taller tras autorizarlo yo y ponerlo en conocimiento de Mapfre. Ahí es donde realmente se forjó la amistad que tengo hoy en día con los Cenisergue, a los que considero amigos de verdad. Son 22 años conociéndonos y considero que 22 de amistad real… aunque estrecha, estrecha, los 19 que llevamos desde entonces.

El presupuesto de reparación variaba poco, y Mapfre me la daría siniestro casi con total seguridad. Ángel (padre) luchó por sacar el máximo valor de la pequeñaja y tras gestiones con mapfre, conseguimos que arreglaran la moto tal y como estaba. Como Santi pertenecía también a Mapfre amenazamos con denunciar a Mapfre por “prevaricación y agravio comparativo” al ser la compañía de seguros de ambos la misma y haber arreglado a Santi su moto y a mi no, ya que no querían denuncias entre gente de la misma compañía y con abogados de por medio e historias (habían puesto en su caso que la culpa era mía, y viceversa). Sólo el coste de juicios y minutas de los abogados superaban en mucho el coste de reparación de la moto. Ángel padre se ajustó al máximo y pude volver a disfrutar de mi compañera. Llegó el momento de volver a subirme a ella y soltero, sin pareja que la relación con Yoli se acabó. Soltero, con moto, y sin nadie a quien dar explicaciones.

Las tardes de los viernes y los sábados las pasaba en Ceni viendo cómo funcionaba un vacuómetro, una dinamométrica, cómo se cambiaba un flotador de un carburador, unas láminas, cómo se limaban los transfers de carga y descarga y aprendiendo qué carajos era eso de un transfer. Viendo cómo se montaban escapes, cómo se limpiaban válvulas de escape. Qué era un juego de galgas… aquello me empezaba a apasionar y mis nuevos amigos, David y Ángel, además corrían en moto. Ángel en la copa Gilera SP01 de 125 con obviamente una Gilera, pero no recuerdo bien si era la SP01, la SP02 o la Crono que veis en la imagen, justo como ésta:

Gilera Crono/SP01/SP02. Foto vía internet

Gilera Crono/SP01/SP02. Foto vía internet

David corría el criterium de 75 con una Derbi GPR 75… una belleza de moto!!! Tenía basculante monobrazo y era una 75!!! Era así de bella

Derbi GPR 75. Foto vía Internet

Derbi GPR 75. Foto vía Internet

Asomaban ya los 18 y yo sin el A1… y tampoco había expectativas del A2 por motivos económicos. El año había sido complicado y no había encontrado mucho curro en verano para poder “subsistir” el resto del año y los gastos eran muchos. Gasolina, aceite, seguro, tabaco, salir… así que estar esas tardes en el taller, sólo suponía unas coca-colas como mucho y aprender más aún. Era una manera de ahorrar muy “sana” al mismo tiempo que cultivaba mi “sapiencia”. También he de decir que santa la paciencia de Ángel padre ante mi batallón diario de preguntas… simplemente admirable. Hubo ya un día que me respondió de medio mal gana por la cantidad de curro que tenía. No me sentó mal ni nada por el estilo, y lo comprendí a la 1ª… tenía que mejorar y mucho mi base. Me plantee la opción de volver a casa y preguntar a mi padre si tendría algún libro de mecánica, pero se me quitaron las ganas casi de inmediato. Recuerdo que era miércoles y en seguida pregunté a la gente de Ceni, ¿Y que hacemos el finde? … Pues estaba “pingüinos”… fue lo que me dijeron todos, como si fuese un “tarao” que no viviese en este mundo.

Algo se debió cruzar en mi cabeza, o se cortocircuitó algo serio, porque me planté en el despacho de papá con la guía Michelín para ver cómo carajos podía llegar a Tordesillas (pasábamos siempre por ahí camino a Lugo, en verano, a nuestro destino de vacaciones, Foz) sin pisar mucha autovía, pues aunque aún tenía el piñón de un diente más que le puse para el viaje a Burgos, y que nunca retiré, no me apetecía mucho meterme en autovía tras lo vivido a la vuelta de Burgos. Lo preparé todo a conciencia, paso a paso, sin precipitarme ni dejarme nada que realmente fuese necesario, pero tampoco quería llevar nada que no fuese a necesitar.

Recuerdo que salí hacia pingüinos con mi tienda canadiense de “4p” (4 plazas… por los cojones!!! Ahí cabíamos dos como mucho…) atada al transportin, mis dos mochilas con mis 4 botellas de coca-cola de 2L rellenas de gasolina super 95 ya con aceite motul. Mi saco de dormir, dos pares de gallumbos, dos camisetas, dinero en efectivo más que suficiente para pasar 5 pingüinos en la otra mochila, y yo armado hasta las trancas de ropa. Recuerdo salir de casa con -13ºC a las 04:30 am, con un chubasquero por encima a modo de cortavientos como parte más externa, una camiseta “termolactil” como 1ª capa y hasta 3 capas más a cada cual más gorda hasta llegar al chubasquero. Cometí el error de sólo ponerme un pantalón de pijama debajo de los vaqueros, y encima de estos, un pantalón de chubasquero… Ese día conocí a los parientes del “Sr. frío y su santa esposa Dª Rasca”… la virgen bendita!!!

Imagino que alguno de los de aquí, habrá visto la peli “Dos tontos muy tontos” de Jim Carrey y Jeff Daniels cuando van en la moto a Aspen… y se les quedan congelados los mocos… Os juro que es real…

Mocos congelados. Dumb and Dumber (Dos tontos muy tontos). Foto vía Internet

Mocos congelados. Dumb and Dumber (Dos tontos muy tontos). Foto vía Internet

Al igual que a ellos, a mi se me congelaron los mocos, los dientes, la boca y todo!!! A partir del km 60 no había ser humano que aguantase más de 25km encima de la moto sin tener que bajar a poner los guantes en los colectores para tratar de calentar un poco las manos, y mear (que con el frío la vejiga se soltaba que daba gusto). Tuve un par de sustos y una pequeña caída tonta, en la que partí el protector de manos y las mano derecha iba al aire. Al final llegué y mucha gente flipó. Monté al tienda y pasé a intimar con la familia ibérica del Sr. frío… la avanzadilla, porque esa misma noche llegó el resto de la familia (todos del norte norte) para dejar temperaturas de -22ºC y una capa de escarcha de cojones encima de tiendas, motos, y de todo.

Recuerdo que me levanté (vestido y metido dentro del saco) y me dispuse a ponerme las botas, pero estaban congeladas… no había quien metiese el pié dentro… y me di cuenta de que mis dedos, los de los pies, estaban pegados del frío. El saco de dormir era bueno, pero coño, no tanto!!! Aguantaba hasta -10ºC… y yo ya había salido de casa con -13ºC. El caldito “pingüinero” fue una salvación, como la leña que la gente nos dejaba y que hacía que las fogatas fueran de mucha gente, conocidos y desconocidos se arrimaban para entrar en calor. Ahí es cuando empieza a aprender y a cultivar la tan famosa “camaradería motera”. Os puedo decir que encender un simple cigarro era toda una proeza. No tenías sensibilidad en los dedos. Cuando empezaba a lloviznar era como si las propias gotillas de agua se helaran… y caían como hielo.

Sobreviví como pude al sábado, porque el frío más helador, era aterrador. Ir a hacer tus necesidades se convertía en todo un suplicio. Tocar un poco la piel con las manos tan tan frías… los labios cortados, los mocos que no paraban de caer, beber algo caliente para entrar en calor. Traté de encontrar a los Ceni, pero ya eramos un grupo “grande”… un total 7.243 locos fuimos al área 2 de Tordesillas a conocer qué era eso de la edad de hielo. Salirte tan sólo de la fogata (había algunas que parecían verdaderas hogueras por el tamaño), para ir a por uno de los calditos de la cena, era un suplicio. No os cuento cuando a las 18:00h, con noche ya casi cerrada, empezó a movilizarse a la gente para hacer el desfile de las antorchas. Yo no volví más veces, pero si os puedo decir que fuimos muy rápido para cómo estaba la carretera.

Desfile de las antorchas. Concentración Pingüinos, Valladolid, España. Foto Vía Internet

Desfile de las antorchas. Concentración Pingüinos, Valladolid, España. Foto Vía Internet

La gente de Tordesillas, se portó de 11, no de 10, de 11. Suministraron madera al área 2 con tractores, gratis!!! Muchas familias, que tenían garajes, los habilitaron para que la gente saliese del pinar, y pudiesen entrar en calor. Recuerdo que no sabía qué hacer, si irme a un garaje con un chaval de Segovia con una Dakota 350 y dos amigos suyos con sendas 125, o quedarme en el pinar. Recogí la tienda a la velocidad del rayo y con los colchones tirados que nos dejó la familia “Redondo Cobos” (Trini se llamaba la señora de la casa) en el garaje. Meter la moto dentro… y poder dormir sin tiritar.

El domingo pronto, recogí todo y lo puse como buenamente pude (no me esmeré en colocarlo todo bien, lo que me valió para cargarme la tienda y tener que tirarla) y emprendí el camino de vuelta. Todo trascurría sin problemas, salvo el frío y tener que parar cada 50km más o menos para poder calentar las manos. Ahora paraba cada menos tiempo, porque uno de los hijos, cogió dos botellas de leche de la Asturiana de 1,5L y me fabricó unos cubremanos que protegían más que los que partí. Eso si, los forramos con cinta aislante negra, para que no cantasen tanto.

Tras atravesar Guadarrama y llegando a Collado Villalba, la puta moto empezó a hacer cosas raras, y no había quien pudiese andar con ella más de 15km seguidos. Había pasado un fin de semana de hermandad motera, pero de perros en todos los sentidos. Quería sorprender a mi amigos los Ceni, y ni los vi. Pasé las de Caín, con frío, una caída idiota, y ahora esto. Paré y esperé a que se enfriase la moto. Cambié la bujía por otra, pero el problema persistía. Era como si de repente empezase a dar tirones. Esos últimos 90km – recordad que iba en un ciclomotor, y si encima estaba averiándose cada dos por tres ir por la autovía era una locura – tardé en hacerlos casi 3h. Recuerdo llegar a casa, suspirar, poner el caballete de la Puch, y subirme encima y encenderme un cigarro y pensar: “Madre de Dios, qué coño le pasará ahora a la moto, y yo sin pasta… bueno, mañana volverá a salir el sol de nuevo”.

Una vez de vuelta de y con los problemas mecánicos aún recientes me acerqué al taller de los Ceni y me dijeron que el problema estaba en el encendido, y que mucho me habían durado los malditos platinos de serie, y que eran de los mejores. Era una reparación barata. Me quedé para aprender para qué se usaba y para qué servía un juego de galgas en los platinos (además del ajuste de válvulas de admisión y escape en motores 4T). Aquel día decidí pedir ayuda a mi padre y me dejó un libro de mecánica de 2T, y él tenía bastante herramienta… y teníamos una terraza en el ático, que era muy muy apetecible.

Empecé a leer con detenimiento los libros, y preguntando a mi padre aquello que no entendía. Aprovechaba y preguntaba también a los Ceni… Estaba empezando a crear mi base de conocimientos mecánicos y a hacerla más sólida, mucho más.

Aquel fin de semana, solo en el viaje de ida y en el de vuelta y con “desconocidos”, me descubrió ante mi un mundo mucho más amable de lo que conocía hasta la fecha. Comprobé que el colectivo motero es de otra pasta, somos de otra pasta. No sólo nos saludamos y quedamos bien en la carretera… nos ayudamos o al menos, en aquella época, que ahora han cambiado mucho las cosas.

Me descubrió la amabilidad y hospitalidad de la gente que no son de las grandes ciudades como Madrid, Valencia, Barcelona o Sevilla, y que siguen pensando que la vida es algo más que ganar dinero y que las relaciones humanas, son realmente importantes. Me descubrió que en la soledad de la carretera, te da tiempo a pensar en muchas cosas, y que la moto es una gran amiga para esos momentos en los que uno, siente que tiene que estar consigo mismo y escucharse a si mismo.

Alexpc73. Vssss

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