Llegó el día de cambiar de moto… ¿Infidelidad?.

Casi todos los moteros, si tuviésemos dinero suficiente, tendríamos un garaje llenito de máquinas para diferentes usos, ciudad, campo, carretera de curvas, viajes, circuito… ummm creo que al menos coparíamos con 5 máquinas, nuestras necesidades, pero esa es otra historia que trataremos más adelante.

A lo que íbamos que se me va el santo al cielo. Yo compré de nuevas una Kawasaki Ninja 250R, tras unos años en el dique seco. Creo que el primer año, sea nueva o de segunda mano, la moto nos “encandila, nos enamora” y parece que andamos abobados con nuestra máquina; es más incluso podría equipararse en algunos casos a una “relación” de pareja y todo nos parece ideal, e incluso defendemos nuestra moto minimizando los fallos y ensalzando las virtudes, tal y como haríamos con nuestr@ chic@… hasta que aparece una moto nueva en el mercado -normalmente los modelos nuevos salen cada año, o cambian colores y mejoran lo existente- y es entonces, cuando empezamos a mirar motos nuevas o de segunda mano, de idéntico espectro o diferente de nuestra montura habitual.

Y ahí, cuando la moto es pequeña -menos de 100Cv- surgen los comentarios internos que hacemos externos como: “Es que se me ha quedado pequeña”, “Necesito algo más grande porque se queda corta”, “Una moto más grande es más segura” o los más lógicos -como en mi caso- : “Le hago demasiados kilómetros a la moto y necesito algo más grande”, “Viajo con mi pareja y/o con equipaje y necesito más potencia”, etc., etc…

La maldita conciencia hace entonces acto de presencia, y lo primero que haces es entrar en un dilema interno entre razones a favor y razones en contra, lógicas o no, presupuestos, gastos, y con la “Señora conciencia” vienen de la mano, las señoras “Sensaciones” y “Melancolía”, acompañados del señor “Recuerdos vividos” y es entonces cuando uno tiene la sensación de parecer esta siendo INFIEL a tan fiel compañera.

Vamos a analizar todo un poco y paso a paso:

1.- Los comentarios, del tipo “se queda corta”, “se queda pequeña”, me parecen sin sentido -y digo para mi quede claro- porque me gustaría ver a mi quién en la situación actual de multas, radares, y enemigos invisibles que nos encontramos en las vías públicas -léase baches, señalización horizontal, guardarraíles asesinos, etc- es capaz de aplicar por poner un ejemplo, 75Cv a la carretera, en una carretera de curvas, que es a por lo que salimos todos normalmente en las quedadas, no?
Es muy difícil aplicar más de 100Cv con la muñeca derecha al negro alquitran en una zona de curvas; Ah claro!!! Que yo lo que quiero es aplicarlo en las rectas… y zumbar a más de … muy por encima de la velocidad legal, con todo lo que ello supone. Conozco a gente que se ha divertido con la moto que actualmente tengo -aunque ya está vendida- que da 33Cv de potencia declarada tanto como con una S1000RR, y son palabras del piloto, no mías.

2.- Los comentarios “lógicos”, y lo entrecomillo porque dependen en mucha medida, de quién los diga, cómo los diga y cuál sea sobre todo, su situación personal. Aplicandome el rodillo analítico a mi persona, puedo decir que el cambio de montura, es en parte lógico y en parte ilógico. La parte lógica es que amplío en intervalo de mantenimiento de 6.000 a 10.000km entre revisiones, y que por ejemplo, el reglaje de válvulas -revisión cara- pasa de los 18.000 a los 40.000 según manual; además sumo que es un motor mejor preparado para la cantidad de km que le hago a la moto al año. La parte ilógica es la misma que la del punto 1, así que estoy jodido, pero es que añado un punto que es “cómo mola cambiar de moto”

3.- Y aquí es cuando llegamos a la madre de todas las dudas, a la que añado mi último punto ilógico comentado en el punto 2.
Porque empieza una especie de guerra lógica-ilógica en algo que no lo tiene, y son los sentimientos que uno tiene hacia una máquina. ¿Pero se pueden tener sentimientos hacia una máquina? La respuesta es simple: SI

Yo al menos los tengo, por una máquina que dejo, que me enseñó de nuevo a sentir el aire en la cara, a revivir sensaciones. Es alucinante cómo uno toma cariño a una máquina. Me ha enseñado de nuevo a vivir sensaciones que casi podría decir que estaban en lo más profundo de mi ser, olvidadas, y han resurgido de nuevo en mi. Siento que me ha “rejuvenecido”, mentalmente hablando claro, y le agradezco mucho el haberme enseñado lugares y sitios desconocidos y rehacer de nuevo rutas que antaño hice con otra moto, el haberme presentado a compañeros de ruta, con los que he vivido momentos especiales.

Momentos únicos, de risas, de compañerismo, de ruta, aprendiendo unos de los otros y conociendo mejor a nuestra máquina. Sintiendo en cada momento cada junta de asfalto de la carretera por la que pasábamos, cada grado de inclinación, y perdonando errores de aprendizaje sin protestar y cómo siempre, regresábamos a casa sanos y habiendo disfrutado de una gran ruta.

Todos esos ingredientes se mezclan en mi corazón y mi cabeza, y hacen que me duela sólo en pensar en deshacerme de tan buena compañera. Parece que la estuviese infravalorando o incluso despreciando. ¡Jamás! Nunca podría hacer eso con una máquina que abrió de nuevo las puertas de un cielo olvidado por mi, y que no sabía que echaba tanto de menos. Sientes como si estuvieses siendo infiel a tu pareja, como si estuvieses haciendo algo malo a alguien que ha sido bueno contigo.

Pero maldita sea!!! ES SOLO UNA MÁQUINA… si, es tan sólo una serie de piezas juntas en perfecta armonía, unidas para un único objetivo: Disfrutar y proporcionar SENSACIONES y EMOCIONES a raudales. Tengo suerte de tener una pareja que es mejor que cualquier máquina -solo tratar de comparar a mi pareja con una máquina es una herejía- pero si no la tuviese, si mi pareja no existiese y no fuese como es, sería muy difícil encontrar alguien más fiel que mi compañera de rutas.

Entonces aparece otra máquina. Aparece portentosa, llena de curvas y con un aspecto imponente. Y la miras, la rodeas, la tocas, casi con miedo incluso. No quieres, pero te llama tanto la atención que la vuelves a rodear. Tus ojos se quedan fijos. Y te alejas. Y cuando llegas a tu compañera habitual, empiezas a comparar una y otra. Te cuestionas todo. Posición, comodidad, consumo, empiezan los razonamientos ilógicos, los lógicos, los caprichosos y los que son un auténtico sinsentido. Y buscas información del corazón de esa máquina que parece que se ha apoderado del tuyo, y está tratando de que olvides a tu vieja montura. Compruebas los valores que ofrece el motor, y te animan a empezar a valorar “deshacerte” de tu compañera, de tu maestra en estas lides del pilotaje.

Empiezan los autoconvencimientos, las justificaciones propias, las mentiras piadosas… en fin, tooooooooooooda una retahíla de “razones” -por llamarlas de alguna manera- para ser Infiel a quien hasta ahora nos ha servido perfectamente. Y ¿por qué?. Está claro que pase lo que pase, haya mayor potencia o menor, mejores o peores diseños, motores, colores o piezas, lo que buscamos es agrandar las sensaciones que recibimos encima de nuestra máquina, cuando cuerpo y máquina se funden tratando de tomar esa curva un pelín más rápido que con la anterior.

Y llega el día en que “enseñas” y “muestras” a tu compañera como una “mercancía”, como una máquina, como lo que en realidad es. Y sabes entonces que esa máquina, que ahora enseñas en busca de dinero para adquirir otra que llene el hueco vacío que ya hay, jamás la olvidarás, porque ya forma parte de tu vida; fue quien te recordó emociones, quien te generó unas sensaciones específicas, y quien te dio lo mejor de sí en pos de enseñarte paisajes desconocidos o cambiados por el tiempo… pero en tu mente ya está la nueva “compañera”, la nueva amiga, que te espera con impaciencia para proporcionarte horas y horas de emociones y diversión. Hasta que llegue otra.

Ahora estoy en el punto de saber que mi compañera ya no es mía. Estoy esperando a que mi nueva compañera sea mía. Y la miro. Y siento que la he traicionado, que le he engañado con otra. Pero al mismo tiempo, tengo ese vacío en el estómago ante el vértigo que produce saber que en breve tendré una máquina que supuestamente cumplirá con creces mis expectativas de diversión y placer, así como de trabajo, porque cada día voy a trabajar con MI COMPAÑERA.

Jamás podré olvidar a quien fue tan generosa conmigo, enseñándome y permitiendo que me equivocase sin poner en peligro mi integridad. Mi nueva compañera debería estar agradecida por ello, porque yo haya aprendido en una máquina tan noble, para poder ahora montarme con más seguridad, con más convencimiento y mejor en mi nueva compañera.

Quizá a alguno le parezca exagerado lo que he puesto, pero es lo que hasta la fecha vivo, y siento, y así lo cuento y lo expreso.

Bye bye ninjita… ayer me despedí de ella… solo dar las gracias a la montura que me ha devuelto la sonrisa dentro del casco.

Alexpc73
V’ss

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