Ruta por los Pueblos Negros de Guadalajara

“En RidenRoad no sólo nos gustan las motos y viajar con ellas, sino todo eso que rodea un viaje, las experiencias, lo intagible. Pues lo creais o no, en esta ruta por los Pueblos Negros de Guadalajarapodréis encontrar todo eso y más. ¿Os animáis a descubrirla? Allá vamos.

Dice la leyenda que tras el fallecimiento del Señor y Brujo de una tribu Celta, poseedor de muchas tierras y riquezas, sus tres hijos se hicieron cargo de la herencia. Envidiosos y codiciosos a más no poder, estaban continuamente guerreando entre ellos. Su madre hechicera, cansada de tan beligerancia como desolación estaban causando en las tierras de su difunto esposo, decidió hacer un conjuro con el que les maldijo eternamente. Así convirtió a sus tres hijos en tres grandes montañas. De este modo les condenó a estar viéndose toda la vida unos frente a otros, repartidos a lo largo de las tierras que antaño gobernaban, pero sin poder hablarse ni tocarse. Fruto de esta maldición nacieron las tres míticas montañas de la Celtiberia: el Moncayo el hermano mayor, el Ocejón el hermano mediano y el Alto Rey el hermano menor.

Con esta bonita leyenda (o no) damos el pistoletazo de salida a una increíble ruta que tiene como protagonista a uno de los tres hermanos de la historia, el Pico Ocejón. Con 2.048 metros de altura se erige como elemento vertebrador de la comarca y de sus gentes, en cuyas faldas se ubican los pueblos negros. Pueblos enteros de color negruzco, de paredes y tejados hechos de lajas de este material y que dan nombre a todo un conjunto de edificaciones de una pequeña zona de la provincia de Guadalajara. Con su característica arquitectura a base de pizarra y cuarcita, portones de madera, ventanas muy pequeñas y grandes chimeneas, pequeñas habitaciones y anchos muros para protegerse de un clima muy frío, con largos inviernos y abundante nieve, se forma un conjunto arquitectónico de gran belleza que nos disponemos a descubrir.

Pueblos como Cogolludo, con su Palacio Ducal y el Pico Ocejón dominando la comarca; Tamajón, puerta de entrada a la zona de los pueblos de la arquitectura negra, que seguro que muy pronto serán catalogados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; Retiendas, donde se encuentran las ruinas del monasterio de Bonaval. Campillejo, El Espinar, Campillo de Ranas, Robleluengo o Majaelrayo, a los mismos pies del Ocejón, donde las formas arquitectónicas y los materiales de construcción cambian y aparecen las construcciones de pizarra. Almiruete y Valverde de los Arroyos. En definitiva, un conjunto de localidades integradas perfectamente en la naturaleza, con una paz y una belleza que engancha, que merece la pena recorrer con calma. Si todavía no conoces los pueblos de la Arquitectura Negra, ahora es el momento. Disfruta de una jornada o un fin de semana en una de las zonas más bonitas del país, en plena sierra. Preciosos pueblecitos que esperan a ser descubiertos. Esta es la ruta que te proponemos.

Entre paisajes de alta montaña, agua que no deja de brotar en forma de cascadas y arroyos y ríos entre estrechos cañones, los Pueblos de la Arquitectura Negra destacan por sus paisajes y deslumbran por sus sabinares, sus pinares, las dehesas y los desfiladeros que brillan por sus paredes de pizarra. Saliendo de Madrid en dirección a Guadalajara nos desplazaremos al norte por la CM-101 hasta Cogolludo, donde iniciaremos nuestra ruta por los Pueblos Negros de Guadalajara.

Cogolludo es un precioso pueblo cuyo origen se remonta a la primitiva fortaleza construida en lo alto del cerro, usada tanto con fines militares como ganaderos, y que con el paso del tiempo dio lugar a la población actual. En 1438, Cogolludo pasó a estar bajo la influencia de la familia de la Casa de Medinaceli la cual ordenó construir el que es el monumento más famoso de la localidad, el Palacio Ducal, primera gran obra civil del renacimiento español, recientemente restaurado. También es de interés visitar en el pueblo la Plaza Mayor, plaza porticada donde se ubica el Palacio y el Ayuntamiento; la iglesia de Santa María del siglo XVI y las ruinas del castillo, origen de la localidad. Desde aquí ya se divisa el Pico del Ocejón, que domina la comarca y es el referente de esta ruta.

Abandonamos Cogolludo y seguimos ruta por la CM-1001 primero y posteriormente por la CM-1004, carretera de la que nos desviaremos para tomar la GU-188 hasta llegar al pequeño pueblo de Retiendas,que pese a su reducido tamaño es un pueblo grande en lo que a atractivos turísticos se refiere, gracias a su conjunto urbano. Mientras paseamos por la arteria principal del casco urbano, también llamada Calle Mayor, el visitante podrá apreciar las casas que muestran la arquitectura típica de la zona, con muros levantados en sillarejo o mampostería.

A 5 kilómetros de la localidad de Retientas, nos encontramos con las preciosas ruinas del Monasterio de Bonaval, una construcción cisterciense de finales del siglo XII cuyo emplazamiento invita a quienes lo visitan a la reflexión y la meditación en un entorno lleno de paz. El Monasterio de Santa María de Bonaval fue fundado por Alfonso VIII de Castilla en 1164 para la Orden del Císter y ocupado por sus monjes hasta 1821, fecha a partir de la cual pasó a manos privadas y caído en el olvido, pese a haber sido declarado Bien de Interés Cultural en 1992. A pesar de su estado de conservación aun asombrarán al visitante los restos del conjunto monacal del que quedan en pie el ábside, la sacristía, el crucero y la nave meridional de la iglesia.

Volvemos al camino hacia el norte, en dirección al Pantano del Vado, por una pista con mejor y peor asfalto, pero asfalto al fin y al cabo, que serpentea entre zonas boscosas. Toda una delicia para divertirse conduciendo. Una vez pasado el pantano del Vado, construido en 1960 y que oculta bajo sus aguas el municipio de El Vado, continuamos hasta enlazar con la GU-186, que nos llevará hasta Tamajón.

Tamajón es una localidad a la que se conoce como la entrada a los pueblos de la arquitectura negra de esta comarca. En este pueblo merece la pena visitar el Palacio de los Mendoza, una casa noble renacentista del siglo XVI muestra de arquitectura civil plateresca y que en la actualidad es el Ayuntamiento. También es interesante visitar la iglesias dedicada a la Asunción de Nuestra Señora, del siglo XVI y  a dos kilómetros del pueblo, la Ermita de Nuestra Señora de los Enebrales, del siglo XII.

Si disponéis de tiempo, os recomendamos acercaros hasta la Ciudad Encantada que se encuentra al norte de Tamajón. Rocas calizas erosionadas por la lluvia y el viento, con formas curiosas, cuevas, dolinas y torcas. Y cerca de esta belleza de roca, un sabinar centenario. Viendo estos monumentos naturales podemos apreciar como gradualmente nos adentramos en una zona de incomparable belleza.

Proseguimos ruta volviendo sobre nuestros pasos en busca del Pico Ocejón. Recorriendo hacia el norte la GU-186 y GU-185 notamos que las formas arquitectónicas y los materiales de las construcciones cambian de forma radical, tornando en una arquitectura plena de pizarra que podemos observar en los pueblos que nos vamos encontrando uno tras otro en la ruta: CampillejoEl EspinarCampillo de Ranas, o Robleluengo, donde se encuentra uno de los conjuntos de edificios de pizarra más cuidadosamente conservados de la ruta.

Estos pequeños y austeros pueblos que a lo largo de los tiempos han conservado su peculiar y rústica fisonomía arquitectónica se mimetizan con el entorno natural del territorio en una simbiosis casi perfecta, conformando un paisaje en perfecta armonía. Según una leyenda de la comarca “El último día de la creación, cuando ya no quedaba casi luz, Dios hizo estos pueblos, por ello la oscuridad….”. Leyendas…

Campillejo es una pequeña aldea donde todas las construcciones del poblado se realizan con mamposterías de grandes lajas de pizarra en las cubiertas y algunas de las casas muestran en las fachadas los característicos encalados de puertas, ventanas y cruces incrustadas. La pedanía conserva su iglesia totalmente restaurada, con la sacristía adosada en una de sus paredes.

3 kilómetros más allá nos encontramos El Espinar, situado en una colina rodeada de barrancos cubiertos de vegetación y huertos, con preciosas vistas sobre el valle. Entre sus curiosidades, posee un lavadero de pequeñas dimensiones cubierto sobre un pilón rodeado de lajas de pizarra y un recinto cercado por grandes troncos en el que hallamos un juego de bolos. La iglesia del pueblo está construida con mampostería de pizarra, presenta espadaña con un hueco para campana y aparece protegida en la entrada con un porche cubierto por la prolongación de la cubierta.

Apenas 2 kilómetros más adelante nos encontramos con Campillo de Ranas,  un pequeño municipio de apenas 200 habitantes con algunos de los mejores ejemplos de Arquitectura Negra de la zona. A parte de la encantadora arquitectura de sus casa cabe destacar la iglesia parroquial que se construye también con lajas de pizarra combinadas con piedra caliza en la torre. Además, posee un bello entorno natural y paisajístico que rodea a la población invitando a la realización de numerosas actividades relacionadas con la naturaleza.

El siguiente pueblo en el camino, Robleluengo, es una pequeña aldea ubicada junto al Pico Ocejón, rodeada de huertos cercados. Conserva la más pura arquitectura negra en su construcción de vivienda con sus típicos hornos en el interior o adosados al exterior. Hay que destacar su bella plaza, su calle mayor y su iglesia parroquial de clara influencia románica y coronada con espadaña. En los alrededores podremos contemplar un bello valle de centenarios robles.

Una vez rebasados estos pueblos en la ruta nos topamos de lleno a los mismos pies del Ocejón con Majaelrayo, uno de los puntos de mayor encanto y desde luego, el referente de esta espectacular ruta. Este conjunto urbano característico de la Arquitectura Negra está situado a 1.185 m de altitud sobre el nivel del mar en plena Sierra de Ayllón. Las edificaciones urbanas se estructuran a lo largo de las calles formando núcleos complejos como corrales o patios delanteros delimitados por vallas de pizarra con pequeñas edificaciones complementarias. Existen edificios de vivienda de dos plantas y, en estos casos, suele haber un balcón en la superior, pero incluido en el espacio de porche de entrada por lo que éste se construye, asimismo, de dos plantas resultando soluciones constructivas realmente atractivas.

En sus alrededores se encuentran el Arroyo y la Cascada de la Matilla, precioso paraje al que se puede llegar andando. Este lugar de innegable encanto tiene una ubicación privilegiada, ya que se encuentra en la misma falda del Ocejón, en el camino de ascenso al pico. Entre estos paisajes de montaña, el agua no deja de brotar en forma de cascadas, arroyos o ríos que se abren paso entre estrechos cañones de extraordinaria belleza.El camino comienza en Robleluengo y es un paseo de 45 minutos entre robles y jaras. Por el camino hay unos magníficas vistas de Majaelrayo y del Pico Ocejón.

Desde Majaelrayo continuaremos la ruta hacia el este por la GU-2011, bordeando el Pico Ocejón, en cuya ladera oriental encontramos otros pequeños pueblos de increíble belleza como Valverde de los Arroyos y Almiruete, donde daremos por finalizado nuestro periplo alcarreño.

Valverde de los Arroyos, situado a 1.255 metros de altitud en el precioso valle en el que discurre el arroyo Las Chorreras, rodeado de terrazas ocupadas por pequeños huertos, es uno de los máximos exponentes de la Arquitectura Negra. Posee un par de fuentes públicas y una plaza Mayor bordeada por algunas de las mejores construcciones populares. Esta plaza es una de las más cuidadas de la comarca, que posee una interesante fuente en el centro y la iglesia parroquial del siglo XIX en uno de sus costados, construida en pizarra, en cuyo interior guarda una cruz procesional del siglo XVI.

Dependiendo de en que fechas os acerquéis a la localidad quizás podáis disfrutar de una fiesta de gran importancia en el pueblo. Esta es celebración de la fiesta de la Octava del Corpus que se celebra el domingo siguiente al Corpus. En ella aparecen ocho danzantes que portan una vestimenta muy peculiar consistente en camisa y pantalón blanco, cuyos bordes se adornan con puntillas y bordados. Les acompaña el botarga ataviado con un traje de pana en que alternan los colores marrón, amarillo, rojo y verde y el gaitero con traje de fiesta.

En las inmediaciones hay un paseo que merece muy mucho la pena hacer a pie si tenemos tiempo. Se trata del sendero que nos lleva hasta las Chorreras de Despeñalagua, de visita casi obligada sobre todo en época de deshielo, aunque en invierno suelen encontrarse heladas lo que le imprime una particular belleza. Desde la carretera de Cogolludo, se puede admirar a kilómetros la falla que da origen a este sorprendente salto de agua, que algunos alcarreños han llegado a bautizar como el “Niágara de la Mancha”. Sin ánimo de exagerar, lo cierto es que no es común encontrar una cascada de más de 100 metros por estos zonas, y además de una forma tan accesible. Para llegar hasta ella debemos partir de la calle que sale de la plaza del pueblo, al lado del campo de fútbol, sin perder de referencia la orilla izquierda del río. Apenas 40 minutos después alcanzamos la base del salto, desde la cual podemos obtener buenas fotografías, marcadas por el contraste entre la blancura de la espuma generada y la negra pizarra de las rocas.

Continuamos recorrido hacia el sur, hasta Almiruete, donde nos detendremos para poner punto y final a esta ruta por los pueblos negros de Guadalajara. Está rodeado de una exhuberante vegetación y dividido por el Arroyo de las Presas. Se asienta a unos 1087 m. de altura, en la falda del monte Cabeza de Almiruete. El primer edificio que llama la atención es la iglesia parroquial, aislada en la parte superior y coronando el núcleo; construida a finales del siglo XII en estilo románico, se amplia en el siglo XV con dos estrechísimas naves unidas a la principal mediante cuatro arcos ligeramente apuntados. La espadaña triangular, muy apuntada, se remata con cornisa decorada con bolas y dispone de huecos para campanas y uno superior, pequeño, para campanil.

En la localidad podemos disfrutar del Museo de Botargas y Mascaritas que recoge uno de los elementos más característicos de los Pueblos de Arquitectura Negra de Guadalajara. Se trata de un ejemplo de patrimonio inmaterial que une a los vecinos de la zona en torno a la Fiesta de Mascaritas y Botargas de Almiruete y que reúne a numeros turistas la tarde del sábado de Carnaval

Desde Almiruete apenas nos separan 5 kilómetros de Tamajón, villa que previamente habíamos visitado y a partir de la cual emprenderemos regreso a casa, volviendo a la carretera que nos ha de llevar de vuelta a Madrid. Ha sido una jornada dura en cuanto a kilómetros (más de 200) y horas, pero reconfortante en cuanto a todos los lugares de singular belleza visitados. Sin duda, los Pueblos Negros de Guadalajara son de esos lugares desconocidos que una vez los descubres, te atrapan y siempre querrás volver. Una escapada 100% recomendable.”

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