Ruta en moto al Cabo Ortegal

Tras el descanso de Semana Santa, volvemos con las pilas cargadas y con una nueva ruta desde RidenRoad para este fin de semana. En esta ocasión, nos vamos hasta una de las zonas más increíbles de la península, Galicia. ¡Qué la disfrutéis!

“En RidenRoad tenemos múltiples rutas cargadas de razones para disfrutar sobre la moto, pero esta diversión no depende sólo de encontrar una carretera atractiva o de la compañía que llevemos, y es que acudir a Galicia y al norte en general es depender enormemente de las condiciones meteorológicas aunque, ¡Qué más da! ¡Con agua todo es mucho más bonito!

Cada rincón del paisaje gallego tiene su magia. Siempre se han escuchado relatos cuyos protagonistas eran seres extraordinarios. Son los héroes del mito, de la fábula y la superstición. Ídolos que se balancean entre la realidad y la quimera. Leyendas que vinculan a Galicia con la magia en definitiva, magia que a su vez  envuelve todos y cada uno de los rincones de su geografía. Ríos, montañas, cabos y campiñas que convierten a esta región del noreste peninsular en toda una joya para el viajero en general y para el motero en particular, pues sus infinitas carreteras nacionales y comarcales se convierten en verdaderos tesoros de asfalto para el viajero.

¡Comenzamos! Esta ruta con inicio y final en Lugo nos llevará por la costa más al norte de Galicia hasta el Cabo Ortegal, bordeando la Mariña Occidental desde Viveiro, pasando por las inmediaciones de la Estaca de Bares, punto más septentrional de la Península Ibérica y hasta la Ría de Ortigueira, asomándonos a los acantilados de la Serra da Capelada, los más altos de la Europa continental, en pleno corazón de las Rías Altas. Un interesante recorrido por una parte de la costa más recortada del litoral español sólo comparable en Europa a las costas bretonas.

Partimos nuestra aventura motera en Lugo, fundada como Lucus Augusti en el 15 a.C en las cercanías de un castro preexistente, convirtiéndose en la ciudad más antigua de Galicia. La ciudad, situada en un altiplano en las orillas del Alto Miño, es la vía natural de comunicación entre la costa gallega y la meseta castellana.

Tres siglos después de su fundación, la estructura urbana de la ciudad se modificó y se desplazó ligeramente. Eran tiempos críticos desde el punto de vista político y militar por lo que se erigió una Muralla de 2.266 metros coronada por 85 poderosas torres que a la postre se convertiría en símbolo representativo de la ciudad, siendo declarada como Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Construida como separación y defensa se ha transformado en un elemento integrador entre la antigua Lucus y la que se ha desarrollado a su alrededor. Sus diez puertas realizan la función de unir una parte de la ciudad con la otra y su paseo de ronda, adarve, se ha tornado en una calle más que es recorrida por los viandantes autóctonos y visitantes.

Al descubrir desde lo alto de la Muralla la colorida campiña lucense, los tejados y las chimeneas del casco antiguo y las soberbias torres de la Catedral el tiempo parece detenerse. Más de dos mil años de historia dan para mucho. Por eso, visitar Lugo se convierte en un viaje al pasado y requiere tomarse un tiempo para descubrir con calma todos los rincones que esconde esta mágica ciudad bimilenaria. La Muralla es la pieza estrella de un rico patrimonio histórico y artístico que Lugo ha ido atesorando a lo largo de estos dos mil años de existencia. Entre otros tesoros, Lugo cuenta en su legado con importantes vestigios medievales, como la Catedral y el Burgo Viejo; o modernistas, como algunos de los edificios más bellos de la ciudad. Para difundir este legado, Lugo cuenta con una red de Museos Municipales especializados en el patrimonio arqueológico, heredado fundamentalmente de la época romana. La oferta cultural se completa con el Museo Provincial, situado en el antiguo convento de San Francisco, y con una cuidada programación cultural que desarrolla el Ayuntamiento de Lugo a lo largo de todo el año.

Actualmente Lugo es una capital comercial y de servicios con un importante campus universitario especializado en Ciencias Agrarias. Desde la creación de la Facultad de Veterinaria, a mediados de los ochenta, Lugo se ha convertido en una de las principales urbes universitarias de Galicia, sólo superada por Santiago.

Salimos de Lugo por la A-6 dirección A Coruña, siguiendo la autopista durante unos 40 kilómetros para desviarnos hacia el norte por la A-8 o Autovía del Cantábrico. Continuamos unos 20 kilómetros por la misma carretera para, pasado Villaba, tomar la AG-64 dirección Ferrol. Pocos kilómetros más adelante nos desviaremos por la LU-540, carretera con unas interesantes curvas para este inicio de ruta que nos llevará hasta la costa en Viveiro.

Esta pequeña localidad de apenas 16.000 habitantes atesora un gran patrimonio cultural tanto material como inmaterial. Aunque abundantes yacimientos arqueológicos y testimonios históricos hablan a las claras de la importancia que alcanzaron los asentamientos celtas y romanos en la zona, no sería hasta los siglos XII y XIII cuando se configure propiamente la villa de Viveiro tal y como la entendemos en la actualidad. El desarrollo económico experimentado en esta época se prolongó a lo largo de los siglos XIV y XV.

Viveiro dispone de un variado catálogo patrimonial, en el que destacan monumentos históricos de tipo civil y religioso, su patrimonio artístico-cultural y natural. Ejemplos de este ámplio catálogo son su recinto amurallado, del que todavía se conserva buena parte así como tres de sus puertas: la Porta do Valado, que muestra su origen románico; la Porta da Vila, construída en 1217 y la del Castillo del Puente, también llamada de Carlos V, insignia actual de la localidad y sobre las que se conservan esculpidas las armas imperiales del monarca, las primitivas del Reino y las propias de la ciudad.

La arquitectura religiosa destaca por la amplia influencia que el románico dejó en la ciudad, entre cuyas obras se encuentran las iglesias de San Pedro, de Santa María y la antigua conventual de San Francisco. Trazas románicas u góticas pueden encontrarse también en la iglesias del convento de las dominicas de Valdreflores, en Xunquera. Cultura y tradición también están muy presente en Viveiro, escenificados estos en su Semana Santa, considerada como Fiesta de Interés Turístico Internacional, así como la Rapa das Bestas de Candaoso y la Romería de Naseiro.

Abandonamos Viveiro para continuar ruta por la LU-862 bordeando momentáneamente la Ría de Viveiro, cuya inmenso azul iremos dejando a nuestra derecha a medida que avanzamos hacia el norte. Atrás van quedando pequeñas localidades como San Román de Vale u O Vicedo. Pasada esta última y tras cruzar el puente sobre el río Sor que separa las provincias de Lugo y a Coruña llegamos a Porto do Barqueiro, localidad donde tomaremos un desvío al norte hacia la AC-100, carretera que no habrá de llegar hasta el punto más septentrional de la Península.

Enmarcada en un paisaje impresionante en el que acantilados separan las rías de Ortigueira y del Barquero, la Estaca de Bares constituye un estupendo observatorio ornitológico, de hecho cuenta con una estación ornitológica permanente. Miles y miles de aves pasan por aquí cada año, en especial de septiembre a diciembre, por lo que para especialistas y aficionados de todo el mundo este es el paraíso.

En el extremo norte del cabo, está situado el faro de Estaca de Bares, el más septentrional de la península. Además del faro, existe un mirador en el antiguo semáforo de la Marina, convertido en la actualidad en un hotel de naturaleza. Desde allí podemos ver los restos de la base de control marítimo sobre los acantilados, al lado de la cual se cuelgan vertiginosamente una sucesión de molinos que forman un conjunto que nos trae imágenes de tierras más al norte. El espacio protegido del cabo abarca también la costa de Loiba (Ortigueira) cuyos gigantes acantilados protegen alguna de las playas más solitarias de Galicia debido a su difícil acceso. 

Volvemos sobre nuestros pasos hasta Porto do Barqueiro dejando atrás tan majestuoso lugar para continuar camino hacia Espasante y Porto de Espasante, que nos servirán como puerta de entrada a la ría de Ortigueira. Si tenemos un poco de tiempo sería interesante salirnos unos minutos del camino y acercarnos a Porto de Bares, un pequeño enclave marinero con dos atractivos principales: su arquitectura típicamente marinera y el puerto. Y es que la base del dique actual está formado por grandes piedras redondeadas que eran parte de un muelle datado en el siglo VII a.C. atribuido a los fenicios, aunque recientes estudios atribuyen su construcción al periodo romano. La fuerza del mar explica el curioso sistema de amarre de las lanchas en el puerto, que se sostienen en la playa por roldanas para evitar que se las lleve la pleamar.

Espasante es una población que se concentra en dos núcleos importantes, O Porto y otro popularmente conocido como A Aldea. Comparte nombre con Porto do Espasante, pueblo marinero que domina la parte noreste de la ría y que mantiene intacto su encanto de pequeño pueblo costero. Uno de sus mayores atractivos es el mirador de la Casa de A Vela la única garita de vigilancia que queda en el ayuntamiento de Ortigueira, situada en el monte Facho. Se trata de un edificio de uso militar del siglo XVIII totalmente rehabilitado. El paisaje nos ofrece las mejores vistas del Cabo Ortegal y del Cabo de Estaca de Bares, así como de el castro celta de Punta dos Prados. Convertido en un nuevo recurso del turismo cultural, el yacimiento atesora los restos de un pequeño poblado fortificado construido entre los siglos IV y I a.C. Situado estratégicamente en primera línea de costa, unos 20 metros por encima de la boca de la ensenada de Espasante.

Todo esto unido a las playas de La Concha, San Antonio y Santa Cristina harán que no os apetezca mucho seguir ruta sino quedaros aquí para siempre, pero la disciplina de los motoristas es legendaria y el deber manda, así que continuamos.

Seguimos ruta dirección Ortigueira sin perder de vista la ría a nuestra derecha. Ortigueira da nombre a la ría posiblemente más bonita de Galicia. El pueblo, que aunque no tiene mucho que ver, se erige como elemento articulador de la comarca de Ortegal. Situada en la provincia de A Coruña, es la más septentrional de la península Ibérica y se caracteriza por la belleza y contraste de sus paisajes. Así, encontramos en la zona valles fértiles y elevadas sierras que caen de nuevo al mar para formar abruptos acantilados o hundirse suavemente en las playas del entorno.

Bordeamos la ría por el sur, que se ve bien bonita desde aquí, hasta A Ponte de Mera, donde giramos a la derecha en dirección norte y conducimos unos 10 km bordeando el extremo occidental de la ría (con unas magníficas vistas) hasta llegar a Cariño. Atravesamos el pueblo de extremo a extremo buscando el norte, dirección en la que encontraremos indicada la ruta hacia el Cabo Ortegal.

El camino hasta el cabo desde Cariño es sencillamente impresionante. Una estrecha carretera embebida entre densos bosques junto al mar y enormes acantilados que desemboca en una punta de roca en medio del oceáno. La vista una vez llegados al faro del cabo es sobrecogedora. Nada más que la inmensidad del mar y los Tres Aguillóns, tres peñascos afilados constantemente erosionados, donde los percebeiros arriesgan su vida para conseguir el preciado crustáceo. Este impresionante conjunto ya fue citado hace 19 siglos por el griego Ptolomeo con el nombre de Trileuco, que podría traducirse por los tres blancos, posiblemente refiriéndose a la espuma blanca que golpea los peñascos, o quizás al guano generado por la gran colonia de Arao que allí había, la más importante de España, extinguida en los años 70 del siglo pasado.

Aguardamos allí unos minutos para descansar y admirar esta maravilla natural antes de ponernos de nuevo en marcha, ya con el último tramo de la ruta en mente. Volvemos por la misma carretera para tomar a los pocos metros un desvío a la derecha por una pista de tierra y grava que, aunque dura y si la moto nos lo permite,  tendrá recompensa. Esta pista nos llevará a las pequeñas colinas del cabo desde las cuales podremos admirar en todo su esplendor el lugar en el que nos encontramos. Seguimos avanzando por este pequeño tramo de pista hasta enlazar con la CP-2205,  la cual avanza a la vez que los acantilados que va dejando a su derecha van ganando en altura sobre el Atlántico. En una larga recta sobre estos acantilados nos podemos detener para divisar en primer término la sobrecogedora Punta Do Limo. Tras ella, Vixía Herbeira, con 613 m sobre el mar, es el acantilado costero más alto de España y de la Europa continental y el cuarto de mayor altura de Europa incluyendo las islas, tras los de Hornelen (860 m), Cabo Enniberg (754 m) y Croaghaun (668 m). Vale la pena desviarse de la carretera para acercarse a ellos y admirar el atlántico en toda su grandeza.

Si continuamos un poco más llegaremos a un desvío hacia San Andrés de Teixido, donde como reza el dicho “vai de morto quen non foi de vivo”. Se dice que es de obligado cumplimiento para todo gallego el peregrinar a este lugar tan mágico de la geografía gallega. Todo el mundo sabe que quien no vaya al santuario de San Andrés de vivo, lo hará en la otra vida en forma de insecto u otro animal reptante antes de que el alma sea liberada. Por ello es obligada la visita a este templo, dicen que puerta a otra dimensión. Por ello, es importante prestar especial atención a los pequeños animales que nos encontremos en la ruta pues podrían ser almas en el purgatorio en su camino hacia San Andrés.

San Andrés se encuentra situado a 140m sobre el mar, en un marco de incomparable belleza y ello contribuyó a que desde hace miles de años ya se rindiera culto a los muertos, como así lo atestiguan los múltiples enterramientos prerromanos distribuidos por toda la Sierra da Capelada donde se sitúa el santuario. San Andrés se localiza en el único punto en donde las laderas de las montañas son más suaves y permitieron su ubicación.

Desde San Andrés nos acercaremos hasta Cedeira, localidad situada en dirección oeste siguiendo la carretera, frente a cuyas costas fue derribado por 5 aparatos alemanes el 1 de Junio de 1943 el avión en que regresaba desde Lisboa a Inglaterra el británico Leslie Howard, actor conocido por encarnar al marido de Escarlata O´hara en “Lo que el viento se llevó”.

La villa de Cedeira está dividida en dos por el río Condomiás: la nueva y la alta o casco antiguo, unidas por puentes. Las calles tradicionales conservan el trazado medieval, así como parte del antiguo recinto amurallado. Los restos arqueológicos prehistóricos y castreños evidencian que la villa estuvo habitada desde muy antiguo. De entre las iglesias parroquiales del municipio destaca la de Nuestra Señora del Mar de Cedeira, de la que sobresalen dos bellas capillas de estilo gótico dedicadas a Nuestra Señora de la Concepción y nuestra Señora del Parto, del siglo XVI. Es de destacar también la estatua de Alonso de Piñeiro de 1450. Pero si hay algo que coloca realmente a Cedeira en el mapa es el turismo y la calidad y abundancia de marisco de estas costas. Tanto las tranquilas playas de La Magdalena o Area Longa así como sus percebes, que convierten a este puerto en el más importante de Galicia en este tipo de capturas además de camarones, nécoras, centollos y langostas;  hacen de Cedeira una villa reconocida y reconocible.

En Cedeira damos los últimos coletazos de esta ruta por la costa más septentrional de Galicia. A partir de aquí no nos queda más que poner rumbo a Lugo por la AC-566 primero hasta O Campo do Hospital donde giraremos hacia el sur hacia la AC-862, AC-103 y AC-110 que nos habrá de llevar a la AG-54, carretera que ya conocimos a la ida. Un paseo que nos resultará largo y pesado después de haber recorrido más de 200 kilómetros y muchas horas a las espaldas pero con el regusto de haber pasado una jornada más que interesante por una de las zonas con más encanto de la Península.

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