Trogloditas…

¿SABEMOS CUÁNDO CONDUCIMOS COMO UNOS TROGLODITAS?

Te ahorraré el suspense. La respuesta es .

Quizás recuerdes la última vez que te comportaste de esta manera. Puede que fuese un día en el que, en principio, tenías previsto salir a dar una vuelta “en plan tranquilo”. Incluso pensaste en ir de cordura, pero finalmente y sin darle muchas vueltas, te calas el mono, besas a tu pareja, te diriges al garaje y enciendes tu montura. Mientras terminas de ponerte el casco y los guantes, dejas que el motor ronronee al ralentí, cogiendo temperatura. “Un paseo despacito para despejarme y vuelvo en un rato”, te dices a ti mismo… Y eso es lo que pretendes…

… Pero tal y como leí una vez en una camiseta: “Puedo resistirlo todo… menos la tentación”.

Así que, te diriges a esa zona de curvas y puertos de montaña que tanto te gustan y que conoces bastante bien. Una vez allí, y tras unos primeros minutos en los que las ruedas y los frenos toman temperatura, aprovechando que llegan las primeras curvas, decides subir el ritmo. Tu culo comienza a danzar de un lado al otro del asiento, y no aguanta más de unos breves segundos en el mismo sitio. Tus rodillas buscan el suelo cada vez con más ganas. Las aceleraciones se vuelven más bruscas, con ocasionales movimientos de la rueda delantera a la que le cuesta pisar bien al deslastrar ligeramente. Las frenadas son también más violentas, con algunos meneos de rueda trasera justo antes de meter la moto en la curva. Tanto es así, que acabas entrando pasado en una curva de izquierdas y toca levantar la moto mientras sueltas el típico “ayayayayayayay”.

¿Te arredras por eso? ¡No, para nada! Decides maldecir al conductor del coche que acabas de alcanzar porque te acaba de fastidiar (con jota) “el tramo”, y ya de paso te meas en todos los enlatados del mundo mundial y lo adelantas en línea continua (porque claro, hay “suficiente visibilidad” y no “tardo nada”), aunque eso sí, tienes la decencia de poner los intermitentes. Unos segundos más tarde, te encuentras con otro vehículo, y ahora sí lo adelantas en un lugar permitido… pero estirando la tercera hasta la zona roja y metiendo cuarta cuando el velocímetro marca 205.

Tu corazón late fuerte y rápido, e incluso aparece alguna gota de sudor. Vas tan enchufado que empiezas a pensar que hasta el mismísimo John McGuinnes tendría problemas para seguirte, aunque lo cierto es que te está costando horrores dejar atrás a una CBR 600 F del 93 y al gordo de la Bandit que adelantaste hace un rato, sin mucho decoro, sea dicho de paso. Cruzas un pueblo y como has sido lo suficientemente comedido como para no pasar de 100 km/h mientras lo atraviesas, te premias con un pequeño caballito a la salida del mismo. Las siguientes enlazadas que aparecen, las pasas rectas, pisando el carril contrario, porque total, “se ve claramente que no viene nadie”, y en el siguiente rasante, tras una curva de segunda y en plena aceleración, aprovechas para levantar, gloriosamente, la rueda delantera, porque total, “para eso se hicieron los rasantes”.

Así discurre tu travesía hasta que un poco más adelante te encuentras con una curva de derechas, de esas que se acaban cerrando más de la cuenta. Vas demasiado rápido para meterte en una curva tan traicionera. Tu corazón ya no late, sino que rebota por tu pecho, luchando por no salir despedido por la laringe. Tragas saliva y un sudor frío te recorre la nuca. Pasas la curva como puedes y a la salida, metes toda tu moto, y a ti mismo, por la mitad del carril contrario… afortunadamente vacío…

¡Alto! Una luz de alarma se dispara en tu cabeza… ¿Qué hubiese ocurrido si hubiese venido alguien de frente?, ¿o qué hubiese pasado de ser una curva de izquierdas con árboles en el exterior?

Después de 63 minutos y 17 euros menos de gasolina, decides ser honesto contigo mismo y reconoces que has estado conduciendo como un auténtico imbécil y que ha llegado el momento de calmarse y volver a casa, mientras aún permaneces de una pieza.

No seré yo el que vaya a dar lecciones de civismo o de como comportarse ahí fuera, y sé perfectamente que cada uno de nosotros tira la línea que divide lo que está bien y lo que está mal en sitios distintos, pero lanzaré la siguiente petición a todos los que leéis esto y a mí mismo: “si advertís que estáis conduciendo como unos trogloditas, no sigáis insistiendo, no vale la pena”… la comida de hospital es un desastre y mear por un catéter no es divertido…

Edgar

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4 comentarios sobre “Trogloditas…

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  1. Muy buena entrada. Ya no se trata solo de respeto, se trata de no arruinarle la vida a nadie, ni a los que nos podemos cargar invadiendo un carril contrario ni la de nuestra propia familia, que además de cargar con nuestra perdida tendra que cargar con el dolor de saber que nos pudimos matar por “capullos”.

  2. Me he visto representado en gran parte de la entrada… hace unos años.
    Tuve un accidente por troglodica (me cruce todo el carril contrario y me salí de la carretera (con la fortuna de que nadie venía de frente en ese momento). Eso me costó los ligamentos de un tobillo.
    No contento con eso continué conduciendo de la misma manera, y entonces tuve uno de esos sustos que sabes que has estado a punto de quedarte en el sitio. Entré coladísimo en la curva a derechas, me comí todo el carril contrario, clavé frenos, y Dios así lo quiso, me quedé a, como mucho, 1m del bolde de la calzada. No había guardarrail, no hacía arcen, lo que había era una caida de algunas decenas de metros.

    Desde ese momento me decidí a probar los circuitos de velocidad. Otro mundo. Y desde entonces salgo mucho menos con la moto (hablando de salidas de ocio, no de curro o desplazamiento), y cuando lo hago realmente voy tranquilo. Ya no me la juego.

  3. Me alegro de que los comentarios estén en la misma línea (muy acertados, por cierto).

    Aquí no se trata de legalidad; se trata de sentido común, honestidad y autocontrol. ¡Qué fácil!, ¿no?. Pues resulta que tiene más miga de lo que parece…

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