Ruta en moto por la “Costa Da Morte”

“Protegido por el azote del viento sobre las olas del mar, se encuentra esta tierra mágica, visitada por vikingos, ingleses, franceses y holandeses que siempre ansiaron anexionarla a su territorio. Jamás fue posible. Los acantilados y gargantas hacían de la geografía un fortín para que los defensores gallegos pudieran mantener sus tierras. Para algunos, el nombre de “el país de los muertos”, el “fin de la tierra”, esa última parada antes de cruzar al otro lado. Para el resto, este enclave mágico se llama Costa da Morte, nombre granjeado a través de los siglos por la cantidad de barcos deborados por las fauces del mar bravío. Nos encontramos ante una ruta mágica, llena de leyendas y con un verdor especial que crece a cada paso que demos. Síguenos entonces desde RidenRoad y comencemos juntos este camino por “A Costa da Morte”!

Esta región arropada por el mar se sitúa al noroeste de la comunidad gallega, la pueblan diecisiete ayuntamientos (A Laracha, Carballo, Coristanco, Malpica, Ponteceso, Cabana, Laxe, Zas, Vimianzo, Camariñas, Muxía, Cee, Corcubión, Fisterra, Dumbría, Mazaricos, Carnota) que pueblan las comarcas de Muros, Fisterra, Terra de Soneira y Bergantiños. A Costa da Morte se trata de una tierra de contraste, situada sobre un macizo de granito con una inmensa diversidad de especies animales y vegetales.

Esta ruta, aunque corta es engañosa. Recorreremos tan solo unos 150 km a lo largo de la costa. Podremos decidir si queremos que dure un solo día o hasta tres. En nuestro caso recomendamos esta ruta en tres etapas diferenciadas.

 DÍA 1.
CARNOTA. 

Nuestra ruta da comienzo en la localidad de Carnota, lugar donde se alza majestuoso el Monte Pindo. Su cumbre A Moa llega hasta los 627 metros convirtiéndolo en un mirador espectacular al azul intenso del mar. Su acceso está limitado a pie, pero permite divisar la increible costa gallega, así como los pueblos de la zona. Este pico de granito rosáceo está considerado el Olimpo Celta  y guarda maravillosas leyendas de la zona. Además, es un enclave espectacular para divisar la región de Dumbría, la caída del Ézaro o Fervenza do Xallas, una cascada de más de cien metros que riega el océano, la única de nuestra península con estas características.

Carnota además alberga varios petroglifos en sus inmediaciones que nos transportarán desde la época prehistórica hasta la cultura celta, gracias a los castros como el de Mallou, donde podremos ver restos de murallas e intuir cómo vivían. No podemos olvidar una visita al increible hórreo de Carnota del siglo XVIII, uno de los Monumentos Nacionales que tiene esta tierra, en su caso bien merecido con sus casi 35 metros de longitud y un excelente estado de conservación. El hórreo de Carnota es uno de los más bellos gracias a la instantánea que se dibuja junto con el palomar, la iglesia de Santa Comba y la casa rectoral que descansan junto a él.

Por último, antes de abandonar esta villa costera, haremos una pequeña parada en su maravillosa playa, que dibuja una media luna. Estamos ante el arenal más largo de Galicia gracias a sus siete kilómetros de largo desde Punta dos Remedios a Punta de Caldebarcos. En ella encontramos cuatro ecosistemas bien diferenciados, la playa, su zona dunar, un espacio intermareal y las hermosas marismas de Caldebarcos, formadas con la ayuda del río Valdebois, el cual muere en el arenal.

FISTERRA

Desde Carnota  nos ponemos en marcha, cogemos la AC-550 y en un momento llegamos a Fisterra, antes de llegar a Lobelos tomaremos el desvío por la VG-1.4 que nos llevará directos. Nos encontramos en el lugar por donde se esconde el Sol de nuestra tierra, el que antaño era conocido como Finisterre, el final de la tierra conocida por nuestros ancestros en A Costa da Morte. Tras aparcar la moto nos podremos perder por entre sus calles y su zona portuaria para estirar un poco las piernas. Sus puntos de mayor interés serían el santuario romántico de Santa María de las Arenas, donde veremos al Cristo de la Barba Dorada, protagonista de varias leyendas de la zona. Después nos acercaremos hasta el faro de Fisterra, uno de los más bellos de nuestro país, en torno a unos tres kilómetros al oeste del pueblo y lugar de peregrinaje para los que recorren el Camino de Santiago y desean divisar una preciosa puesta de Sol.

 

Si nos acercamos al Monte Facho tendremos una instantánea perfecta del faro Fisterra y la ría de Corcubión. Este monte recibe su nombre de los fuegos que guiaron a nuestros ancestros marinos el camino de regreso a casa, unas llamas que servían de aviso en los pueblos circundantes cuando llegaban enemigos a sus costas. Hoy en día se prestan muchas opciones de ocio, como las rutas de senderismo y bicicleta, que además nos hacen un recorrido histórico de la zona.

Y ya acaba el tiempo de Fisterra pues nos adentramos en algunas de sus playas vírgenes más puras como Mar de Fóra, la de Arnela, o la del Rostro y una pequeña visita para ver el castillo de San Carlos, que encontraremos en el puerto. Esta fortificación data del siglo XVIII y actualmente está destinada a ser el Museo de Pesca de Fisterra, testimonio vivo de su herencia pesquera. Nosotros dormimos entre las olas del mar y el influjo de la luna, buscando la inspiración y las fuerzas para un camino intenso mañana.

DÍA 2.
MUXÍA.

Nos saluda el día el Sol, que es testigo de los cánticos de gallos de la zona y damos comienzo a esta segunda jornada. Reandaremos hasta Lobelos y tomaremos la CP-2303, carretera que nos llevará directos a Muxía. Este pueblo pesquero goza de un encanto mágico, de ese tipo de encanto que tan solo los pueblos de mar bravío consiguen gracias a la banda sonora del repicar de las olas en sus acantilados. En esta población nos encontramos con los últimos secaderos artesanales de congrio de todo el continente. Tan solo en Os Cascóns y A Pedriña continúan empleando estos métodos tradicionales de secado, que dispersan el auténtico olor a mar por cada pequeño rincón. Si ascendemos el Monte do Corpiño, podremos gozar de las mejores vistas a Muxía, además, podremos observar el Cabo Vilán, la bonita ría de Camariñas, el monte Facho de Lourido, Punta Buitra, algunas de las playas de la zona y el propio pueblo, ocupado en sus quehaceres diarios.

 

Seguimos nuestro tránsito por esta tierra de A Costa da Morte y llegamos a un enclave turístico de la región, el santuario de la Virgen de la Barca, situado a orillas del mar. Según la tradición, la Virgen se apareció sobre una barcaza de piedra mientras el apóstol Santiago predicaba por la comarca. Esa barca aún reposa en Muxía y se ganó el miedo de Pedra de Abalar. Pero no será la única piedra mágica de la región. También encontraremos la Pedra dos Cadrís y la Pedra do Timón. Y cómo olvidar las conocidas Caldeiras do río Castro, unas piscinas naturales que forma el río al pasar por Coucieiro, antes de caer en cascada sobre las rocas.

CAMARIÑAS

Enfilamos la AC-440 y rodamos hasta Ozón, justo al salir, antes de llegar a Suxo tomamos el desvío a la izquierda que nos lleva por la CP-1603. El verdor nos sumerge en la magia de esta región mientras llegamos hasta A Ponte do Porto, donde la AC-432 nos lleva a Camariñas. En torno a media hora de viaje habrá desde Muxía pero merece la pena el paseo a este pequeño pueblo coruñés. Estamos en una región conocida por su encaje de bolillos, realizado con esmero por sus tradicionales palilleiras, auténticas maestras de esta danza de hilos que ejercen las experimentadas manos. La ciudad porta su luz gracias a su imponente Faro Vilán, levantado a los pies del Atlántico sobre un acantilado, que se encuentra enfrente del islote Vilán de Fóra. Este faro se erigió sobre los restos de otro anterior, tras el hundimiento del Serpent  en 1890, catástrofe que se llevó la vida de 172 marineros. Fue ese incidente el que aceleró la reforma del faro, frente a la necesidad de una luz guía en el camino. Además ostenta el honor de ser el primero en contar con luz eléctrica del país, una luz que arroja guía hasta setenta kilómetros mar adentro.

 

Cerca del faro damos a parar con el Cementerio de los Ingleses, donde descansan los restos de los fallecidos en la tragedia mencionada en la que únicamente tres personas salvaron la vida de las 175 que tenían como destino Sierra Leona. La tristeza asola la zona por los cientos de miles de almas que residen en el fondo del mar culpa de las fatalidades y hundimientos que provoca el bravo mar, que sigue generando leyendas sobre la vida y la muerte.En la memoria las tragedias de este legendario mar, descansamos y preparamos el cuerpo para el último día de ruta.

DÍA 3.
LAXE Y PONTECESO

Amanece Camariñas y nuestro cuerpo ha descansado lo suficiente para montar de nuevo nuestra moto. En esta jornada retomaremos la AC-432 y AC-433 que nos llevarán a Laxe. En esta preciosa tierra podremos degustar los mejores percebes gallegos, recogidos en los bravos acantilados de Punta do Roncudo. A lo largo del camino varias cruces próximas al faro nos recuerdan que la fiereza del mar nos arrebató en la historia varios barcos pesqueros de percebeiros. En Laxe encontramos parajes magistrales como la laguna de Traba, un lago litoral cercado por formaciones dunares, o la Furna de Espuma, ubicada en el Monte Insua.

 

Si nos acercamos a la playa de los Cristales podremos obtener como recuerdo alguno de esos vidrios trabajados por las olas que el mar nos regala descansando en la arena. Aquí podremos disfrutar del descanso de un paseo lleno de bellas fotografías junto al mar. Tras la parada tomaremos la AC-429hasta llegar a Ponteceso, villa próxima a Laxe en la cual el poeta Eduardo Pondal compuso los versos del himno gallego. El canto honra a la Galicia de los verdores mágicos y la nación de Breogán. Imperdible es la desembocadura del río Anllóns sobre el Atlántico, a modo de estuario, el mayor encanto de Ponteceso.

MALPICA DE BERGANTIÑOS

Tras dejar atrás Ponteceso tomaremos la CP-4307 continuando nuestra marcha a través de la magia y la leyenda de la Costa da Morte, que nos lleva a nuestro destino final, Malpica de Bergantiños. Aquí nos recibirá el faro más joven de toda la costa gallega, una construcción preciosa que pretende ser un barco de piedra de unos cincuenta metros de alto, y que cuenta con uno de los dólmenes más grandes de Galicia, Pedra da Arca. Los expertos estiman que este monolito se levantó en torno a los años 3.500 y 2.700 a.C. Para poder disfrutar de una panorámica desde el aire alcanzaremos la cima del Monte Nariga, donde un mirador nos regalará una mágica estampa de casi toda la región de Bergantiños.

 

Ahora solo queda descender hasta el pueblo para conocer sus callejas y playas, acercarnos a sus Islas Sisargas y dar por finalizada esta fascinante ruta por A Costa da Morte entre sus gentes y saboreando su mejor marisco. Como siempre el trazado puedes encontrarlo AQUÍ, en RidenRoad.”

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